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Friday, November 28, 2008

OCTAVIO PAZ Y LA DESIGUALDAD DE LA TRADUCCIÓN POÈTICA/ Enrico Mario Santí



Jornada Semanal, 6 de mayo del 2001
Mario Santí

Octavio Paz y la dignidad
de la traducción poética


A tres años de la desaparición física de Octavio Paz, las Obras completas del Nobel mexicano están por incluir Versiones y diversiones, que recoge la labor de Paz como traductor de poesía, así como los últimos poemas del autor, quien, nos dice Enrico Mario Santí, "confiere al arte de la traducción una dignidad a la altura de la creación"; así, "no debe sorprender, por tanto, que Paz haya considerado sus traducciones como parte íntegra, aunque aledaña, de su corpus poético". Con este ensayo queremos recordar al Paz poeta, ensayista, traductor y figura insoslayable de nuestras letras. La Editorial Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores de Barcelona acaba de publicar la tercera y tal vez definitiva edición revisada de Versiones y diversiones, el tomo que reúne las traducciones poéticas que Octavio Paz hiciera durante más de medio siglo. Como se sabe, Octavio Paz fue, entre muchas otras cosas, un gran traductor de poemas. Desde por lo menos los años cuarenta, cuando vivió en Estados Unidos y convivió con la poesía en lengua inglesa, empezó a practicar el arte de la traducción, y sus posteriores viajes a Europa y Oriente lo iniciaron en una práctica que no cesó sino hasta su muerte en 1998. "Traducir no sólo es trasladar sino transmutar", dejó dicho en el prólogo a Excursiones/incursiones, segundo tomo de sus Obras completas donde reúne sus exploraciones en la literatura mundial. Con la aparición de esta recopilación, ahora ese tomo deberá ser leído como su complemento, pues al leerlos juntos se verá que la traducción fue para Paz algo más que una diversión: significó un instrumento que utilizó el poeta para profundizar su conocimiento de la poesía en todas sus manifestaciones culturales y lingüísticas. Él mismo dice, en la "Nota final" que escribió para este libro, que los ejercicios que incluyó en aquel segundo tomo constituyen "sucintos comentarios" a las traducciones, aludiendo así a la manera en que los antiguos humanistas componían comentarios a sus traducciones de textos clásicos. No es exagerado decir, por eso, que Octavio Paz leía toda la cultura, incluyendo la tradición moderna y hasta la no-occidental, como un texto clásico y sagrado que merecía un doble y complementario abordaje: primero como trasmutación, o traducción poética, y luego como comentario cultural. Dije antes, con imprecisión, que se trata de una tercera y tal vez definitiva edición de un libro anterior. En efecto, dos ediciones (1974 y 1978) tuvo la recopilación en la Editorial Joaquín Mortiz de México, con 295 y 297 traducciones, respectivamente. En ambas, la primera sección, que da título al libro, recogía, además de versiones de varios poetas de lengua inglesa y francesa, las de poemas de Fernando Pessoa que habían aparecido en una célebre antología de 1962 del poeta portugués, así como las de los cuatro grandes poetas suecos (Martinson, Lundkvist, Ekelöf y Lindegren) que Paz había hecho con Pierre Zekeli y reunido en otra antología al año siguiente. A su vez, la última sección, "Algunos Orientes extremos", reunía, bajo "Casos", textos chinos de varios autores, y japoneses, bajo "Tanka y haikú". Como vemos, por tanto, Versiones y diversiones fue siempre un libro radicalmente heterogéneo: no sólo políglota, en el sentido que traducía de varias tradiciones, sino sucesivamente polimorfo, recopilación de traducciones poéticas que el poeta fue acumulando a medida que iba compenetrándose con distintas obras, según dice en la "Nota final" que acompaña a esta edición: "Las traducciones se fueron acumulando a medida que pasaban los años; fue una labor discontinua, regida por el capricho de los días y del humor, en la que no me propuse demostrar o enseñar..." Así, para dar sólo dos ejemplos, las primeras versiones de Nerval que ahora aparecen al principio de la sección I se remontan a un homenaje al poeta suicida que en 1955 un grupo de escritores (entre los que figuraban Ramón Xirau, Carlos Fuentes y Augusto Lunel) le dedicaron en México en la cultura (número 306, 30 de enero de 1995); al igual que los "Ensayos chinos" que ahora figuran a la cabeza de la sección V (pp. 498-516) de esta edición se remontan a 1957, cuando aún resonaba en Paz, a raíz de su breve pero intensa estancia en Tokio cinco años antes, la fascinación por la filosofía y la poesía asiáticas. La presente edición, hecha con extremo esmero por Nicanor Vélez, que además de fino editor es un gran conocedor de la obra del poeta, añade 114 textos a la segunda de 1978 para darnos una representación total de ochenta y cinco poetas. Las cuatro secciones en anteriores ediciones son ahora seis: Versiones y diversiones (I), Poemas de Fernando Pessoa (II), Cuatro poetas suecos (III), Kavya (IV), China (V) y Japón (VI). Pero sin duda la mayor innovación del libro es que reproduce la mitad de los textos originales a la izquierda con las traducciones correspondientes a la derecha, a excepción de las últimas tres secciones que sólo recopilan las traducciones de los textos suecos, chinos y japoneses. La exclusión se justifica cuando se sabe que Paz tradujo de estas tres culturas a partir de traducciones de otras lenguas que él sí manejaba (sobre todo el inglés y el francés).
Tal vez en otra futura edición se puedan incluir los originales de estas otras lenguas para así configurar un repertorio completo y definitivo. Incluidos ahora están los otros libros de traducciones que Paz había publicado aparte: los Veinte poemas de W.C. Williams (1973), 15 poemas de Apollinaire (1979), los 25 epigramas Kavya (1995), y la de Trazos (1997) que recogía los textos de poesía y filosofía china. Añade, además, el texto completo de Sendas de Oku de Matsuo Basho que Paz y Eikichi Hayashiya habían publicado en México en 1957, junto con todas las notas de la última edición de Tokio (1992). Un cotejo entre la segunda edición y ésta revela otros aumentos. Entre los occidentales: un soneto de Théophile de Viau, dos más de Apollinaire, Jules Supervielle y Jean Cocteau, respectivamente; uno de Georges Schéhadé y otro de Alain_cosquet; nueve de Yesé Amory (seudónimo de Marie-José Paz); uno de William Butler Yeats y un fragmento (de Esthétique du mal) de Wallace Stevens; cinco de William Carlos Williams, uno de Elizabeth Bishop, los once de Charles Tomlinson, uno de Ivar Ivask y otro de A.R. Ammons; cinco de Mark Strand y dos de Milosz. Un total de cuarenta y seis nuevas traducciones. Entre los orientales, los añadidos sólo fueron textos chinos: uno más para Han Yu ("Exhortación a los cocodrilos"), Li Po, Tu Fu, y se añadieron textos de Han Yu (dos), Po Chu-i (tres), y Li Ch’ing Chao (seis), para un total de catorce. Paz nunca se cansó de citar como ideal de traducción poética la sentencia de Paul Valéry: "Producir con medios diferentes efectos análogos." De ahí que sus traducciones sean realmente producciones paralelas a la creación. En un ensayo de 1970 ("Traducción: literatura y literalidad") el propio Paz lo dice con claridad: "En sus dos momentos la traducción es una operación paralela, aunque en sentido inverso, a la creación poética. Su resultado es una reproducción del poema original que [...] no es tanto su copia como su trasmutación." O como dice en la "Nota final": "El punto de partida fueron poemas escritos en otras lenguas; el de llegada, la tentativa de escribir, con ellos, poemas en la mía." No debe sorprender, por tanto, que Paz haya considerado sus traducciones como parte íntegra, aunque aledaña, de su corpus poético. Tan es así que, según él mismo dispuso, Versiones y diversiones aparecerá pronto en un tomo de sus Obras completas junto a sus últimos poemas. Esa disposición no sólo muestra una predilección personal, pues en realidad confiere al arte de la traducción una dignidad a la altura de la de creación. ¡Qué bueno sería que, como recuerdo del gran poeta y traductor que fue Octavio Paz, y como homenaje a este oficio amoroso, se hiciese una presentación de este libro a partir de un recital multilingüe de sus "versiones" junto a sus correspondientes originales! O también: un pequeño simposio en el que, junto al análisis de los "sucintos comentarios" que Paz realizó para sus traducciones, lectores de las diversas tradiciones poéticas que reúne este libro discutan los "efectos análogos" que sus "versiones" nos descubren en la recreación de los tesoros de la poesía para nuestra lengua española. Veremos entonces cómo ellas cumplen con el cometido que deseaba su autor: "que tuviesen la antigüedad de todas las obras de arte: la de hoy mismo".

Thursday, March 01, 2012

HACE 18 AÑOS FALLECIÓ ELISEO DIEGO: LEYENDA DE LA POESÍA LATINOAMERICANA

 ME QUEDARÍA CON LA POESÍA

Eliseo Diego: 18 aniversario de su muerte

 (11-02-2012)

Por Emilia Sánchez




Eliseo Diego (La Habana, 2 de julio de 1920-Ciudad de México, 1 de marzo de 1994) fue de oficio, poeta, como decía él: «un pobre diablo a quien no le queda más remedio que escribir en renglones cortos que se llaman versos. Y lo hago no por vanidad o por el deseo de brillar, o qué sé yo, sino por necesidad, porque no me queda más remedio que escribir estas cosas que se llaman poemas
NO ES MÁS
por selva oscura…

Un poema no es más
que una conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera el hondo bosque; un poema
no es más que unas palabras
que uno ha querido, y cambian
de sitio con el tiempo, y ya
no son más que una mancha, una esperanza indecible;
un poema no es más
que la felicidad, que una conversación
en la penumbra, que todo
cuanto se ha ido, y ya
es silencio.
Es uno de los más grandes poetas que hay en la lengua castellana. Gabriel García Márquez

El humo diviniza la imagen de Eliseo en su discurso inaugural de En la Calzada de Jesús del Monte, cuando el incienso opulento y sobrio hace escaladas y la espiral definitiva de esa lectura queda adherida a la hidra matriz de la poesía. José Lezama Lima

Muchos son, ya se ve, los méritos de Eliseo. Su mérito mayor, sin embargo, es no haberse envanecido nunca de sus méritos, y haberse declarado siempre un simple artesano de la palabra, alguien que hace poemas como otros hacen muebles o zapatos, pero eso sí, con la infinita atención, delicadeza y esmero con que debieran trabajar todos los artesanos y todos los hombres. Su lección de humildad es al mismo tiempo una lección de responsabilidad. Su culto de la forma es su mayor culto a la patria y a los héroes. En ninguna página salida de sus manos hallaremos nunca una gota de chapucería. Todas las páginas que han salido de su corazón y de sus manos, y con ellas el poeta mismo, constituyen un orgullo para quien tuvo el privilegio de iniciarse con él en la aventura de las letras, desde las aulas escolares. Cintio Vitier

Eliseo Diego es una de las personalidades literarias más completas y brillantes de la historia de la literatura, no solamente contemporánea, ni de la literatura cubana, es una figura representativa dentro de la lengua española. José Antonio Portuondo

Adentrándose en las cosas más humildes, en el polvo, en la pobreza misma, la poesía de Eliseo Diego llega a erigirlas. Mas el alma no erige, sino que recoge; no construye, sino que abraza; no fabrica, sino que sueña. Poesía la de Diego, que resulta tan sólo de una simple acción: prestar el alma, la propia y única alma, a las cosas para que en ellas se mantengan en un claro orden, para que encuentren la anchura del espacio y el tiempo, todo el tiempo que necesitan para ser y que en la vida no se les concede. María Zambrabo

Eliseo Diego es uno de los mayores poetas con los que actualmente cuenta nuestra lengua, quizás el más refinado, el más «arcaico», por ello el más puro y sencillo. Es un placer estético en sentido más alto leer su poesía, como lo es escuchar una música de cámara construida con unos cuantos instrumentos perfectos. Jaime Labastida

En la poesía de Eliseo Diego, lo que con mayor fuerza me atrae y más hondamente despierta mi admiración, es su poder de acercarse a lo cotidiano y simple con palabras de una pureza inaugural, intemporal y originada en las más entrañables corrientes del idioma. Álvaro Mutis

Resulta demasiado fácil atribuir solo a la balcanización cultural de nuestros países un hecho tan absurdo como la escasa difusión que Eliseo ha tenido hasta ahora fuera de Cuba. [...] La simple omisión pasa a convertirse en profunda injusticia si se conoce un libro como En la Calzada de Jesús del Monte (1949), que por cierto no propone una inversión estallante de la realidad ni se adhiere a ninguno de los diversos entusiasmos que con frecuencia embargan a los cronistas literarios de esa misma realidad. En la Calzada de Jesús del Monte es un libro fundamental, ejemplar en más de un sentido, y considero que, en la irradiación a las más jóvenes promociones cubanas, su lección de autenticidad es verdaderamente inapreciable. Mario Benedetti

La muerte era lo único que faltaba a Eliseo Diego para convertirse en leyenda de la poesía latinoamericana. Octavio Paz


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